lunes, 12 de diciembre de 2011

El escudo que no fue

El artículo 1911 del Código Civil español recoge un precepto más propio de película del Señor de los Anillos: “Del cumplimiento de las obligaciones responde el deudor con todos sus bienes, presentes y futuros”.
Esto significa precisamente eso. Que no importa quién seas, dónde estés o cuándo cambie tu suerte… las deudas no prescriben, no caducan. Siempre que debas algo tendrás la obligación de pagarlo. Si hoy no puedes, entonces mañana, y si no pasado mañana. El 1911 es como ese matón de película de gangsters que anuncia a su víctima que antes o después lo encontrará con una pistola a su espalda.
En la época de los romanos, cuando un deudor no podía pagar el acreedor podía hacerlo su esclavo. Con el correr de los años hemos refinado algo nuestras costumbres, y ya no imponemos a los deudores el engorro de perder su libertad y derechos. Sin embargo, lo que sí se ha mantenido es la severidad en la obligación de cumplir lo debido.
El caso es que la ley no hace excepciones con los emprendedores, y la espada de Damocles del 1911 seguramente ha quitado el sueño a más de uno que en su día se planteó empezar un negocio.
Sin embargo hay buenas noticias. El sistema jurídico ofrece una salida, y es la posibilidad de constituir una sociedad, limitada o anónima en sus modalidades más comunes. Una sociedad tiene lo que en Derecho se denomina “capacidad jurídica” (de hecho es una “persona jurídica”). Esto significa que la sociedad puede ser titular de derechos y obligaciones, lo cual significa que si es la sociedad la que asume las deudas es la sociedad y no sus socios la obligada a responder de las obligaciones.
El emprendedor que opera a través de una sociedad tiene un escudo, un parapeto. Si el negocio va mal, está asediado por los acreedores y se ve obligado a cerrar, la ley no le impone la obligación de responder personalmente por tales deudas. Es la sociedad la que tiene que hacerlo, y desde el punto de vista financiero el emprendedor solo perderá el capital que haya aportado al negocio. Así, cuando la empresa entre en concurso y se liquide, los acreedores se cobrarán de lo que se obtenga ahí, pero no podrán ir contra el emprendedor (salvo el caso en que se demuestre que el emprendedor actuó fraudulentamente).
Por eso cuando algunos emprendedores me preguntan: “Estoy pensando en empezar a trabajar, ¿constituyo ya la sociedad?”, yo suelo responder que sí, sobre todo si te vas a meter en gastos o inversiones. Mejor hacerlo todo a nombre de la sociedad que a título personal.
Lo mismo me ocurre cuando alguien me dice: “tengo dudas de si funcionar como autónomo o como empresa”. Mi respuesta es: “si vas a tener acreedores corrientes o deudas bancarias de entidad, no lo dudes: constituye una sociedad”.  
Me duele entonces ver casos en los cuales el escudo que proporciona crear un vehículo societario desaparece totalmente y el emprendedor se ve abocado a un penoso procedimiento personal de embargo de todos sus bienes presentes y futuros. Eso ocurre cuando las deudas de la sociedad están avaladas personalmente por el empresario. En ese caso ya no hay salida. El emprendedor como persona física se pone a pecho descubierto en el mismo nivel de responsabilidad de la sociedad y asume personalmente el pago de lo debido. Tanto vale en ese caso que la deuda la asuma únicamente el emprendedor, pues el hecho de que haya por medio una sociedad afecta bien poco si ésta no tiene recursos.
Los bienes presentes y futuros de una sociedad en concurso no son nada. Por ello las entidades de crédito fuerzan a la firma personal del emprendedor en los créditos. La persona física seguirá estando ahí, y la posibilidad de embargarle lo que sea permanece. Mucha atención con tu amigo el banquero.
Por lo tanto recomiendo a todos los emprendedores que analicen con cautela todo aquel acto o negocio jurídico que pueda romper el escudo que proporciona la sociedad, y en todo caso que consulten con abogados. Suelo decir que un buen abogado no te hace ganar dinero, pero uno malo seguro que te generará pérdidas.

1 comentario:

  1. La verdad es que los riesgos de las empresas son variados, pero también los beneficios y muchas veces sólo hace falta un empujoncito. Así que os dejo este enlace de un concurso que tiene un premio especial para los emprendedores, la verdad es que es tremendamente útil
    http://encasadeherrero.es/

    ResponderEliminar