martes, 28 de febrero de 2012

Lo que los emprendedores deben saber para tratar con business angels


Un business angel es una persona (o grupo de personas) con dos características: la primera, tiene dinero; y la segunda, tiene la voluntad de invertir ese dinero como socios en un proyecto de emprendedores. Cualquier particular en quien se den ambas condiciones es un business angel, aunque él no sepa que se llama así. De hecho la mayoría no lo saben. Y precisamente en la informalidad de la figura del business angel radica su peligro.

En España es cada vez más frecuente que los business angel se agrupen en torno a asociaciones o redes donde los inversores reciben asistencia, formación y acceso preferencial a proyectos interesantes en los que invertir. Algunas redes de business angels están tan bien organizadas a lo largo de todo el proceso de inversión que desde el punto de vista operativo parecen verdaderos fondos de capital riesgo.

Con el tiempo (mucho tiempo), los business angels van adquiriendo una cultura financiera, empresarial e inversora, por lo que se convierten en elementos insustituibles para el desarrollo de un tejido empresarial de corte tecnológico. Captar para tu negocio un business angel “educado” es uno de los mayores logros que puedes conseguir como emprendedor. Hay incluso en nuestro país business angels galácticos de reconocida fama que intervienen como speakers de manera habitual en eventos sobre emprendimiento.

Ahora bien, eso es la excepción, lo anormal. Lo más común es que el emprendedor de a pie que da entrada en el capital de su sociedad a un business angel no tenga la suerte de que sea un inversor experimentado. Simplemente ese inversor es un tipo al que le ha gustado el negocio, tiene algo de pasta y se ha atado los machos para ponerla en la sociedad del emprendedor. Mucho ojo entonces.

El inversor experimentado sabe que existe un riesgo alto de perder su dinero, y cuando parece que va a llegar ese momento adopta una actitud entre la resignación y el conformismo. Después de todo, así son las reglas de este juego. Pero si el business angel es un novato, la llegada de una crisis empresarial puede pillar a todos con el paso cambiado. Ante la perspectiva de perder su dinero hay gente que se vuelve realmente insoportable.

Pero ni siquiera hace falta que vengan malas noticias. Un business angel, como cualquier persona individual, puede observar cualquier tipo de comportamiento. Desde el más normal, al más extravagante. Y puede ser que se trate de un directivo retirado que ha invertido en nuestro negocio, tiene tiempo de sobra y además disfruta presentándose en nuestras oficinas a diario con su mejor intención para echarnos una mano. He conocido algún caso así y la cosa acaba no teniendo gracia. Mucho menos si el business angel lo único bueno que aporta es el dinero, pues ni conoce el producto, ni el mercado, ni el sector de actividad, y todas las ideas que aporta rara vez alcanzan la categoría de chascarrillo.

Por si esto fuera poco, la legislación española impide que pueda echarse a un socio de una sociedad limitada salvo en casos excepcionales. Y entre ellos no está que estorbe, que sea un plomo, o que tenga ideas más propias del bombero torero.

La solución es no dejarse tentar por el color del dinero. Yo no estoy seguro de que un mal business angel sea mejor que carecer de dinero. Dedica el tiempo necesario a conocer al tipo y consensua previamente con él cuál será su rol en la empresa, los objetivos del negocio y la manera de hacer el seguimiento de los resultados.

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