domingo, 15 de julio de 2012

España conquistada sin derramar ni una sola gota de sangre


Es un hecho conocido que las situaciones sociales de mayor gravedad radicalizan a la población. Ocurrió en la República de Weimar, en la Rusia zarista y, más recientemente, lo vemos en Grecia y Francia por poner dos ejemplos actuales.
Yo confieso hoy aquí que también me estoy radicalizando.
Hace años yo era capaz de acoger con indiferencia la idiotez y estulticia de nuestra clase política, pero estos días ya no puedo hacerlo. Esta gente me produce náuseas. En el último debate parlamentario del miércoles 11 de julio, mientras Rajoy subía el IVA los socialistas insultaban al presidente del gobierno por implantar las medidas que otros nos han impuesto. Y los del Partido Popular se dedicaban a aplaudirle e insultar a su vez a los de enfrente. Sálvame deluxe en estado puro.
¿Está capacitada esta gente para sacar a España de la crisis? No. No lo estaba para gestionar la presunta “bonanza” del periodo 2001-2007 imaginémonos para salir de donde estamos.
Por eso yo entiendo la intervención política a la que estamos sometidos. Y la entiendo por varios motivos
Cuando alguien pierde los puntos del carné de conducir, se lo quitan y le obligan a examinarse. Esto les ha ocurrido a los del PP-PSOE. Han perdido los puntos del carné. Les han quitado su juguete y ya no pueden hacer lo que les plazca.
Algunos (sobre todo gente de izquierda) se quejan de que hemos perdido la soberanía sobre la que descansa la democracia. Es cierto. Pero no es menos cierto que el que paga, manda. Si queremos el dinero de Europa para pagar nuestras pensiones, es lógico que Europa ponga las condiciones.
Ésa es la realidad, y en mi radicalización me he acomodado a ella.
A pesar de todo siento una sincera envidia hacia todos aquellos españoles que están convencidos de que su partido político de preferencia (PP, PSOE, IU, CIU...) les va a sacar de la crisis. La misma que me invade cada 5 de enero cuando veo a mi hijo ilusionado con el paso de los Reyes Magos.
Lo malo es que los Reyes Magos tardarán mucho en volver a España. No nos hemos portado bien, y no nos traerán ni siquiera el carbón de la minería.

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