jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Qué sueldo debe fijarse el emprendedor?



En mis clases sobre el modelo económico, cuando llegamos a los gastos de personal siempre surge la misma pregunta: ¿qué sueldo debemos fijarnos como emprendedores? Normalmente vuelve a aparecer la cuestión cuando un emprendedor se enfrenta a una negociación con un inversor. ¿Cuánto pedir?
La pregunta es peligrosa, pues parte de una premisa equivocada. La premisa equivocada es: “existe un sueldo normal, estándar, lógico, que el emprendedor puede reclamar”. La realidad es que no existe nada así, por lo que no es posible proporcionar una cifra, que es lo que el emprendedor está esperando.
No obstante, si bien es cierto que no puede facilitar tal cantidad, sí que podemos hacer algunas consideraciones que el emprendedor puede manejar en una negociación.
Para empezar, y aunque suene mal decirlo en este lugar, el emprendedor no debe cobrar un sueldo de mercado por su trabajo en la empresa (con una excepción que explicaré).
¿Por qué? Porque debemos distinguir claramente entre emprendedor y empleado. Un empleado cobra por su trabajo un precio de mercado y no tiene por qué asumir ningún riesgo. El emprendedor, como sabemos, asume el riesgo empresarial. Cuando el emprendedor financia completamente su proyecto (bien con fondos propios y/o deuda) no hay problemas en que se fije el salario que desee (ahí está la excepción). Sin embargo cuando se recurre al capital de otros socios y el emprendedor no participa activamente del esfuerzo financiero, una forma de correr riesgos es precisamente fijarse un sueldo muy por debajo del mercado. De esa manera asume un coste de oportunidad (del sueldo que podría ganar fuera de su startup) y además participa a la financiación del proyecto, pues su menor sueldo supone menos necesidades de capital.
Algunos emprendedores llevan su celo al extremo de decir que renuncian a todo tipo de sueldo. No estoy de acuerdo con esto. Si el emprendedor trabaja a tiempo completo en la startup (como es lo normal), considero muy perjudicial esta idea. Los inversores con más experiencia rara vez aceptarán que el emprendedor trabaje gratis, por varias razones. La principal es que antes o después volverá a surgir el tema del sueldo (y es bueno que esto quede aclarado al principio de una vez por todas), pero además surgirá una especie de “deuda” hacia el gesto del emprendedor que puede malinterpretarse en el futuro.
El emprendedor tiene que cobrar, pero ¿cuánto?
Algunos dicen que lo suficiente para no pasar estrecheces. Me gusta ese principio general y lo considero válido para determinar una cantidad concreta, aunque entonces tenemos que aclarar qué es “lo suficiente para no pasar estrecheces”. Si el emprendedor vive con sus padres, va en autobús y no tiene novia, lo suficiente es muy poco, demasiado poco. Si está casado, paga hipotecón y lleva a sus tres hijos a colegios de pago, estamos en el caso opuesto.
El artículo 1 del Real Decreto 1888/2011, de 30 de diciembre fija el salario mínimo interprofesional español en 641,40 euros mensuales. En España, cobrar por debajo de esto me parece insalubre para la vida de la startup. Y si el inversor lo exige, me cuestionaría si sabe lo que se trae entre manos.
Así pues tenemos un límite inferior (el mínimo) y uno superior (el de mercado que podría obtenerse fuera de la startup). La horquilla será muy amplia en algunos casos. ¿Cómo estrecharla?
De una sola manera: negociando.
¿Y cómo negociar de manera exitosa? Lo mejor es alineando el sueldo al nivel de maduración de la startup. Para determinar este nivel de maduración debemos acudir al mapa de hitos, véase el tercer mandamiento. El mapa de hitos fija la serie de logros que hace que la empresa valga más dinero y conforme se suba esa escalera es razonable pedir más sueldo (siempre y cuando haya dinero en la caja, claro está).
Ésa es la clave. La mejor manera de negociar el sueldo del emprendedor es, por un lado, vincular éste a la marcha de la startup y por otro lado “paquetizar” la retribución uniendo sueldo, bonus, stock options o demás incentivos a los que un inversor se puede sentir muy inclinado dado que éstos reflejan el crecimiento del proyecto.

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