jueves, 31 de mayo de 2012

La gran mentira de la Unión Económica y Monetaria


Éste no es un artículo político, sino económico. Políticamente podríamos debatir si la moneda única y toda la parafernalia europeísta que conllevó fue legítimamente impuesta por los gobernantes que la llevaron a efecto, pero no entraré ahí.
La cuestión que abordaré se refiere a uno de los objetivos fundacionales de la Unión Económica y Monetaria (UEM), y que a día de hoy es la gran medalla que se cuelgan en la pechera los europeístas. “La UEM vigilará la estabilidad de precios, la inflación, que debe ser inferior pero acercarse al 2%”. Frecuentemente se nos recuerda que esta misión se ha cumplido a rajatabla (la media sale 1,9% en la zona euro), y ello demuestra uno de los propósitos originales de la UEM: velar que el euro no implique un empobrecimiento de la población.
Como ya se imaginará el amable lector algo pasa aquí, porque no es posible que la inflación (el IPC o índice de precios al consumo) diga que la vida casi no se encarece y nuestras familias cada día tengan menos dinero a fin de mes y que todo esté más caro.
Hay varias mentiras, pero una de ellas, bastante grande, se encuentra camuflada en el número, el IPC. El IPC calcula la variación anual del precio de una cesta de bienes, representativa del coste de la vida del país. Si el IPC sube un 2% significa que en media es un 2% más caro vivir en España. En nuestro país, la variación desde la adopción del euro ha sido ésta:
  • Inflación 2002 = 4,0%
  • Inflación 2003 = 2,6%
  • Inflación 2004 = 3,2%
  • Inflación 2005 = 3,7%
  • Inflación 2006 = 2,7%
  • Inflación 2007 = 4,2%
  • Inflación 2008 = 1,4%
  • Inflación 2009 = 0,8%
  • Inflación 2010 = 3,0%
  • Inflación 2011 = 2,4%
Si hacemos números notaremos que algo que en 2002 valía 166 pesetas (un euro), hoy debería costar unas 219 pesetas (1,31 euros). En otras palabras, el coste de vivir en España en estos últimos 9 años se ha encarecido un 31%.
No sé vosotros, pero si yo le digo a mi madre que deje de quejarse, que el aumento del coste de su cesta de la compra en esta (casi) década es sólo el 31%, me pega tal guantazo que no le quitan mi custodia únicamente porque ya tengo 37 años.
En esta web tenéis la variación a 10 años de algunos productos (en mercados primarios). Os reto a que encontréis algo que haya subido sólo el 31% (pulsad en el rango 10a, diez años).
¿Dónde está el engaño? ¿En la relación de bienes de la muestra del IPC? Esta cesta se actualiza frecuentemente y tenéis la última versión aquí.
En la actualidad el IPC reúne gastos tan extravagantes como discos duros portátiles, notebooks, tablets, fotodepilación, depilación láser y logopeda, pero el engaño está en los pesos y las ausencias.
Actualmente rara es la unidad familiar que no destina más de un tercio de su renta líquida a pagar la vivienda. Pues bien, en primer lugar en el IPC no aparece el precio de la vivienda en propiedad (para defender este disparate se dice que la vivienda es un “bien de inversión”, lo cual es otra gran mentira. Dedicaré un artículo a desmontar ese bulo), y la vivienda de alquiler aparece sumada a agua, electricidad y combustibles (¡!) y pesa un 11,7%. O sea, que según el IPC destinamos menos del 12% de nuestro gasto mensual a la vivienda y, en todo caso, un poco más en vivienda que en hoteles y restaurantes, y mucho menos que en transportes y alimentación.
La auténtica realidad es que la familias española se han empobrecido terriblemente en la última década. Y ello por dos factores. El primero, el nivel de endeudamiento, asumido en su mayor parte para pagar activos muy por encima de su valor (ladrillo). Mucha gente se jubilará con un piso y 2.000 euros en el banco, incapaces de ir al supermercado. “No hay problema, porque la vivienda es un bien de inversión”, dirá algún lumbrera. El endeudamiento, junto con la presión fiscal, es lo que determina la cuota de renta líquida que queda a las familias para afrontar los gastos corrientes. Cada vez hay menos renta y ése es el primer factor de empobrecimiento (no hago mención a los salarios, pues considero esta variable independiente del consumo y sus precios).
El segundo factor de empobrecimiento es la hipereinflación encubierta que hemos sufrido en la última década. Medida lógicamente en términos reales, no los teóricos de esa mentira llamada IPC. Y a esa hiperinflación contribuyen los impuestos (en carburantes, por ejemplo), y en intereses bancarios para compras financiadas a crédito que antiguamente, nuestros padres, compraban con un menor nivel de apalancamiento.

Cierro este artículo animándoos a que os informéis sobre el curso online de financiación para emprendedores que impartiré a partir del día 11 de junio. Echad un vistazo a la web del curso y no dejéis de apuntaros.

martes, 22 de mayo de 2012

Cómo calcular el fondo de maniobra


Es imprescindible que el plan de negocio de los emprendedores especifique las necesidades totales de financiación que tiene en el negocio (y cuando digo totales, quiero decir que conviene no incluir presuntos créditos bancarios que conseguirá la empresa, pues hacer esto reduce las necesidades de financiación de modo confuso, pues puede que finalmente no se consiga tal deuda).
Para saber cuánto dinero hace falta en un negocio no basta, como creen muchos, con proyectar la cuenta de explotación y poner de manifiesto las pérdidas que tendrá la empresa al inicio de su andadura. Hace falta algo más: realizar un estado de tesorería, a poder ser con carácter mensual para los dos primeros años.
El estado de tesorería indica la caja inicial del periodo (mes, año), las entradas, salidas y estado final de la caja. Considerando que no hay financiación alguna, la caja final mostrará un agujero y es precisamente el saldo mayor de ese agujero lo que nos indica la necesidad de dinero que tendremos para lanzar la empresa.
Los emprendedores que saben de finanzas realizan el estado de tesorería utilizando los flujos de caja. Para ello toman el beneficio del periodo, descuentan los impuestos, suman las amortizaciones, restan las inversiones y añaden el fondo de maniobra. Y digo “añaden” el fondo de maniobra porque en ocasiones el fondo tendrá saldo positivo (ha generado caja) o negativo (ha destruido caja). El fondo de maniobra es uno de los conceptos menos intuitivos de las finanzas para emprendedores, así que daré unas brevísimas notas sobre él.
En primer lugar, ¿por qué existe? Hay un par de razones: la más importante de todas es porque no todo se cobra y paga al contado. Es decir, hay operaciones a crédito. La segunda razón es porque existe un bulto sospechoso financiero en el balance llamado “almacén”.
Supongamos que dos empresas, la empresa A y la B terminan el año 2011 con unas ventas de 120 euros. La empresa A cobró todo al contado y la empresa B concedió un plazo de pago de 30 días a sus clientes. Suponiendo que B vendió 10 euros al mes, las ventas de diciembre quedaron pendientes de pago, por lo que en el balance de 2011 figura un saldo en la cuenta de clientes de 10 euros. El efecto en la tesorería es inmediato: A tiene 10 euros más en la caja que B.
Supongamos ahora que A vende en 2012 otros 120 euros, pero esta vez tiene un moroso que le deja 10 euros a deber a fin de año. Cuando calculemos el flujo de caja de 2012 partiendo del beneficio tal y como dije arriba tendremos que fijarnos que la variación de la cuenta de clientes de 2012 a 2011 es 10 euros (saldo de 10 en 2012 menos saldo de 0 en 2011, es igual a 10). Esos 10 euros hay que restarlos al flujo de caja, pues el beneficio de 2012 incluye una venta de 10 unidades que aún no se ha cobrado y figura en el balance en la cuenta de clientes. Por eso al beneficio hay que restar ese incremento anual en la cuenta de clientes.
Con el almacén pasa algo parecido, aunque lo explicaré de manera distinta. Supongamos que en 2011 teníamos en el almacén 10 chips comprados a un proveedor por valor total de 1.000 euros. En 2012 nuestro almacén tiene 20 chips con un valor de 2.000 euros. La pregunta es: ¿de dónde ha sacado dinero la empresa para esa inversión en su almacén? La respuesta es: de la tesorería. Desde el punto de vista de la caja se trata de una inversión como un activo fijo y, por ello en el flujo de caja, al igual que hicimos con las inversiones, restaremos el incremento anual del almacén al beneficio del año.
En el caso de las cuentas de proveedores y acreedores del pasivo del balance ocurre lo mismo que con los clientes, aunque esta vez el signo es el contrario. Si aumenta el saldo de estas cuentas de un año a otro hemos incluido en el beneficio costes que aún no hemos pagado. Luego estos incrementos se suman al beneficio a la hora de calcular el flujo de caja.
Tenemos así los 3 elementos más importantes del fondo de maniobra (hay más, como las cuentas fiscales o las remuneraciones pendientes de pago). Para saber el saldo total del fondo de maniobra, pues: restamos el incremento de saldo de un año a otro de clientes, restamos el incremento de saldo de un año a otro de almacén y sumamos el incremento de saldo de un año a otro de proveedores y acreedores. El resultado final tiene signo incierto, y por eso a veces el fondo suma al flujo de caja y a veces resta.
Las startups en fuerte crecimiento suelen tener fondos de maniobra muy negativos por varias razones: se vende mucho y lo lógico que es que las ventas a crédito sean altas, el desfase entre días de cobro y de pago esté desequilibrado a favor de los segundos y hay inversiones en almacenes.
Por eso el fondo de maniobra a veces cuenta por una importante fuente de necesidad de financiación que si se ignora puede dar al traste con vuestro proyecto.

lunes, 14 de mayo de 2012

Cómo conseguir más dinero de tu business angel


Las startups que necesitan relativamente poco dinero para arrancar y empezar a conseguir hitos tienen en los business angels su principal fuente de financiación.
Ocurre sin embargo que en muchas ocasiones el emprendedor necesita algo más de dinero de lo que está dispuesto a darle el business angel. Puede ocurrir que tal problema se solucione por sí solo, pues estos inversores son bastante gregarios, y cuando uno tiene claro que se quiere meter en una empresa no es infrecuente que otro distinto que se lo estaba pensando se decida a dar el salto. Otras veces esa faceta de gregario juega en contra del emprendedor, y nos encontramos con casos en los que hay más de un interesado en invertir pero nadie da el paso hasta ver que algún otro se anima, y tenemos así esa situación de la fila de fichas de dominó en la que no cae la primera.
Otra característica de los business angels que los aleja de la figura del venture capital consiste en su capacidad de avalar. Y ahí tenemos otra gran ventaja.
Me refiero a la posibilidad de que el business angel consiga la apertura de una línea de crédito para la empresa avalándola personalmente. Es decir, en caso de que el banco pida a la empresa que cubra la línea y ésta no pueda hacerlo, entonces el business angel estaría obligado a hacerlo. Esta facultad es esencial, pues sobre todo en la actualidad las entidades de crédito no te abren la línea sin garantías personales y el emprendedor no suele convencer al banco.
Fijaos que cabría entonces la posibilidad de que el business angel nos consiguiese la financiación que necesitamos sin poner un solo euro. Por ejemplo, nuestra empresa necesita 100.000 euros, y el business angel va al banco y avala una línea por ese importe. Hemos conseguido los fondos y el inversor no los ha puesto de su bolsillo. ¿Cuándo los pondrá? Cuando la empresa deje el pufo en el banco y tenga que ir él a cubrirlo. Pero atención: puede ocurrir que la empresa genere caja gracias a esa inversión y la deuda se pague sin problemas. En ese caso el negocio del business angel ha sido sensacional: ha conseguido un porcentaje de la startup a cambio de cero euros. Lo único que ha soportado ha sido el riesgo de impago de la deuda, pero ¿no iba a poner de todas formas el dinero?
Cabe la posibilidad de que el business angel apalanque su propia inversión. Es decir, que en el caso anterior ponga 50.000 euros de su bolsillo y abra una línea de otros 50.000 euros por el restante. Esto puede hacerse bancariamente con un préstamo de 100.000 euros en el que se pignoren los 50.000 euros del inversor en una imposición a plazo fijo. De esa manera las probabilidades de que el banco acepte la operación mejoran ostensiblemente. En todo caso el apetito inversor debe ser de 100.000 euros totales, pues será lo que tenga que poner en caso de que no se pague la deuda.
Esta alternativa abre una nueva línea de negociación para el emprendedor. En lugar de darle un x% por los 100.000 euros se le puede proponer un porcentaje inferior y que avale la línea. ¿Por qué inferior? Porque cabe la posibilidad de que la empresa pague la deuda y entonces el inversor haya puesto menos dinero de los 100.000 euros.
Seguro que vosotros, con lo imaginativos que sois, podéis diseñar nuevas estrategias.

domingo, 6 de mayo de 2012

Churchill y la burbuja inmobiliaria por @manzanerame


Los políticos españoles tienen una gran ventaja y un gran inconveniente.
El gran inconveniente es que ninguno vale para nada. Hasta el punto de que a veces me pregunto si no es condición necesaria para llegar a dirigente español ser un sujeto gris totalmente incapaz de sobresalir en ningún ámbito social (pensad: si eres un gran abogado, un apasionado jurista, ¿dejarías la carrera de tu vida por meterte en política? ¿Lo harías si fueses un gran médico, un gran científico, un gran historiador? Q.e.d.).
Pero hay una gran ventaja: las incontables horas de hilaridad que nos proporcionan con su estupidez.
Nuestro protagonista de hoy es Pérez Rubalcaba. Veo la entrevista que le hizo hace unos meses el follonero y me quedo con esta perla. A la pregunta: ¿por qué no hicieron estallar antes la burbuja inmobiliaria?, Rubalcaba responde: “porque con la burbuja todos vivíamos bien” (mirad el minuto 6:15 del vídeo y flipad).


Dicen los políticos socialistas que la crisis no se veía venir y mienten. Se veía, y de lejos. Lo verifica el propio Rubalcaba cuando dice que no quisieron pinchar la burbuja porque se vivía bien con ella. No porque no la viesen. Porque estaban cómodos con ella. Es decir, se sabía que había un tumor y no se quiso extirpar. Y no se quiso hacer porque llevaba aparejado un coste político y social derivado de los miles de personas que se verían perjudicadas por ello. La clase política española prefirió dar un patadón hacia delante y esperar a ver si el marrón le caía a otro. Ahora no son miles, son millones las víctimas. Pero el gobierno no tuvo la culpa. Fueron los bancos, los especuladores, Bush, las familias que vivían por encima de sus posibilidades… cualquiera menos ellos.
Lo cierto y cruel es que bastaba sólo una ley bancaria para hacer estallar la burbuja. Una simple ley que prohibiese a los bancos financiar activos inmobiliarios a más de 20 años y con cuotas que no excediesen el 33% de la renta líquida del peticionario. Con eso la burbuja hubiese estallado de modo ordenado. Quebrarían algunas inmobiliarias, sí, y algún especulador se habría comido el suelo, pero los grandes perdedores (los hipotecados de última hornada) se habrían salvado. Se habrían salvado.
Esta triste historia me recuerda otra ocurrida en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. Antes de declarar la guerra a Hitler, durante muchos meses, el primer ministro británico Neville Chamberlain reculó y reculó ante las exigencias Nazis para evitar la guerra: Austria, Sudetes, Checoslovaquia. El grupo de Churchill apremiaba a Chamberlain para plantarse. Para decir “basta” a Hitler y declararle la guerra. Finalmente en septiembre del 39 Alemania invadió Polonia y las democracias declararon la guerra al Tercer Reich. Entonces, en un famoso discurso, Churchill dijo: “pudisteis elegir entre el deshonor y la guerra. Elegisteis el deshonor, y hoy tenéis la guerra”.
Igual ha pasado en España con esta crisis. Pudieron elegir entre la crisis o perder unas elecciones. Eligieron la crisis, y perdieron las elecciones.  

Nota final: leo en internet que Rodríguez Zapatero va a publicar un libro sobre economía. No sé si es la típica broma de internet (tiene toda la pinta) o si es que la pobre economía de la que soy humilde doctor ya no puede llegar a menos.

miércoles, 2 de mayo de 2012

El equity gap en España


El “equity gap” se define como el rango en el cual el emprendedor tiene más dificultades para encontrar inversor, pues estas necesidades son demasiado altas para los business angels y demasiado bajas para los fondos de venture capital que operan a partir de determinado nivel. Es decir, por debajo o por encima del equity gap es factible conseguir financiación si el proyecto es invertible, pero dentro de él las dificultades son casi insalvables.
En el Reino Unido pueden sindicarse fácilmente business angels hasta un millón de libras aproximadamente, luego el equity gap empezaría ahí y llegaría hasta unos 3 millones aproximadamente.
En España, el equity gap yo lo situaría entre 250.000 y 2 millones de euros.
En primer lugar vemos que, a diferencia de lo que ocurre en Gran Bretaña, el rango es amplísimo, pues el límite superior es 8 veces mayor que el inferior
Pero lo peor es que en el caso español el gap empieza muy abajo, y prácticamente va desde la creación de la empresa hasta un nivel de inversión justificado sólo si el negocio ya ha demostrado una capacidad consistente para generar caja.
Así, si bien es cierto que conseguir los primeros 100.000 ó 150.000 euros puede ser sencillo si el emprendedor se involucra muy activamente, rara vez esa inversión inicial hace llegar lejos al negocio. En seguida se entra en el equity gap y la empresa se ve abocada a un futuro incierto.