jueves, 16 de mayo de 2013

La ignorancia de las finanzas no exime de sus consecuencias



He tenido conocimiento recientemente de este Máster de Dirección Financiera impartido por ESIC en Bilbao y revisando los beneficios de la asistencia al programa compruebo una vez más hasta qué punto tales conocimientos financieros son clave en el entorno en que nos movemos.
Hace un tiempo tuve ocasión de comprobar precisamente lo que implica el desconocimiento de tales principios económicos. El caso es que pertenezco a una asociación cultural privada que está atravesando un periodo de serias penurias económicas. Para poner remedio a la tremenda situación de déficit (gastos superiores a ingresos) e insolvencia (incapacidad para atender a los vencimientos de pagos a acreedores) los gestores de la asociación presentaron un plan A. En paralelo, un grupo de asociados presentaron un plan alternativo B.

  • El plan A prevé la enajenación (venta) de algunos activos de la asociación, principalmente obras de arte.
  • El plan B propone solicitar un préstamo hipotecario poniendo como garantía un inmueble de la asociación.

En un caso tenemos una venta patrimonial y en otro un endeudamiento con garantía hipotecaria. Parecen alternativas muy diferentes, pero atención: financieramente son casi idénticas pues nos conducen a un mismo destino. Y, lo que es peor, ninguna de ellas soluciona nuestros problemas.
Veamos primero el plan A. Cuando se hace un presupuesto de ingresos y gastos hay que diferenciar los ingresos y gastos ordinarios (esto es, los procedentes de las actividades normales de la asociación) de los extraordinarios (aquellos que se verifican con carácter puntual y no son derivados de las actividades corrientes). La lógica financiera dice que los gastos ordinarios deben ser financiados con ingresos ordinarios. Si esto es así, se dice que el negocio es viable. El plan A lo que dice es: “vamos a conseguir un ingreso extraordinario vendiendo patrimonio para financiar nuestros costes ordinarios que son inasumibles”. Pero ¿qué haremos el año que viene cuando tengamos los mismos costes ordinarios inasumibles? Estaremos en la misma situación que ahora pero con menos patrimonio disponible. En otras palabras, únicamente diferimos la solución del problema.
Ahora el Plan B: asumimos una deuda hipotecaria, y con ella cubrimos nuestros costes ordinarios inasumibles. La deuda sólo debe emplearse para financiar inversiones que generen la caja suficiente para pagarla y generar un beneficio. Si usamos esa deuda para financiar gastos corrientes de este año, el año que viene tendremos los mismos gastos corrientes más los intereses y principal de la nueva deuda asumida. Y además tendremos un inmueble hipotecado. En definitiva, volvemos a retrasar la aparición del problema, que resurgirá empeorado pues tendremos más deuda asumida.
La única solución válida sería corregir los ingresos y gastos corrientes para que cuadren sin emplear ningún extraordinario. En paralelo renegociar la deuda para que los vencimientos no nos ahoguen y, ahí sí, quizá endeudarse a más largo plazo o vender patrimonio. Pero no antes de equilibrar el presupuesto.
El gran problema para muchas familias y empresarios españoles que han sucumbido en esta crisis ha sido emplear ingresos extraordinarios y/o elevados endeudamientos extra para cubrir costes ordinarios. Superaron el primer año de crisis pero cayeron en el segundo año con mayor estrépito.
Es el inconveniente de paliar los síntomas pero no curar la enfermedad. Y para ello nada mejor que un programa como el propuesto por ESIC en Bilbao.

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