jueves, 28 de noviembre de 2013

He leído el libro de Belén Esteban. Y no contento con ello, lo reseño



Sí, queridos amigos. Confieso que he leído el libro de Belén Esteban, aunque a ello no me ha movido el menor interés por las andanzas de la señora en cuestión. Mi curiosidad era otra. Quería saber, pero de verdad, contado por la protagonista, cómo una persona que acertadamente se define a sí misma como “verdulera” (capítulo 24) había conseguido abrirse paso en la televisión hasta hacer girar en torno suyo un programa de “prime time” en la cadena de más audiencia del país. Y ello en un momento en que el talento para las ciencias y las artes no falta en España, aunque sí las opciones para dar a conocer tales talentos en los principales canales de TV.

Después de leer las memorias de la “autora” he constatado que la respuesta a mi pregunta se encuentra en la decadencia de los valores, que nadie expone con mejor fidelidad que la televisión. La televisión vive de la publicidad y la publicidad de las audiencias. ¿Y qué quiere ver la audiencia? ¿Programas mal llamados “del corazón”? La respuesta es “no”. Porque el programa donde sale Belén Esteban no es un programa de corazón amable, como por ejemplo el que emite TVE a diario. El programa “Sálvame” no nos muestra al famoso en su apogeo, en su éxito, en su felicidad. Telecinco busca el juguete roto, el famoso arruinado, preso, en paro, abandonado por su pareja, pisoteado por la fortuna. Se ensaña con el desfavorecido para arrojarlo a la arena del circo y que sirva así de alimento a unas masas a las que desde hace tiempo les falta mejor pan. Una gente que, incomprensiblemente, parece ver en la desdicha ajena un motivo para su esperanza, mezclados todos en un cambalache de mayor vileza que el del tango. Decadencia de valores.

Hace quince años Belén Esteban bajó a ese fango pero, al contrario que otros muchos, consiguió el triunfo. Emergió esplendorosa en el vertedero. Ella fue el gladiador que salió vivo del coliseo y se convirtió en un tribuno adorado de la plebe que levanta o baja su pulgar. 

Leí “Ambiciones y reflexiones” en setenta y dos horas, si bien es cierto que salté un par de capítulos, como el dedicado a su diabetes. Y debo deciros que el libro cumple lo prometido desde la primera página. Aquellos que busquen un ajuste de cuentas con la familia de su ex marido no saldrán defraudados: Belén Esteban destila un veneno nauseabundo cada vez que trata el tema del torero. Hasta ahí, misión cumplida. El lector conocerá de primera mano algunos episodios abyectos de tal familia que, a mi juicio, arrojan más porquería a quien los revela que a quien los comete. 

Pero para mi sorpresa, “Ambiciones y reflexiones” va mucho más allá, pues se trata de un espléndido manual de la condición española contemporánea. Tan acertado en sus tesis, que sin pretenderlo ha conseguido reforzarme en mi cada vez más mermado espíritu íbero.

La “autora” da signos de inequívoca españolidad cuando se muestra sumamente condescendiente consigo misma, pero nunca con los demás. Cuando Belén Esteban comete errores tiene derecho a ello en su condición de humana. Sin embargo el otro no merece nunca tal consideración cuando yerra. Queridos amigos: la ley del embudo es la única que ningún gobierno hispánico será capaz de derogar.   

No puede faltar tampoco el deporte nacional. Belén Esteban es una mujer envidiosa. Muy envidiosa. La raíz de su odio hacia la actual mujer de su ex marido es la envidia. Ella se quedó el hombre, la finca… dice en un pasaje. Eso sí, aunque lo cuenta, la “autora” no reconoce por soberbia (otra seña de identidad de la “marca España”) que la otra fue más lista que ella al apartar del torero todo el rebaño de chupópteros que lo rodeaban y que terminaron por sacarla a ella, la Esteban, de su propia casa. 


Y por último, otro aspecto muy nuestro con el que podemos solazarnos durante la lectura de “Ambiciones y reflexiones” es el triste uso del idioma que tanto dinero nos cuesta enseñar en las escuelas. La “autora”, a modo de disculpa, alega su escaso de nivel de estudios para justificar su lenguaje. Perfecto. Ello podría explicar alguna discordancia sintáctica o el empleo de una palabra equivocada. Pero la escasa instrucción no justifica el recurso frecuente al exabrupto, al taco, a la interpelación barriobajera preñada de desprecio y sencilla de evitar, no bien uno se lo propone.  

Y conste que pongo “autora” entre comillas pues ella no se reconoce como tal. Nunca dice “escribo” este libro sino “preparo”. Debo reconocer el mérito del “ghost writer” de la editorial Espasa (me niego a usar la fea denominación española) que ha sabido construir un texto entendible procurando no perder del todo el soniquete ramplón y ruin de Esteban. Con todo, el libro adolece de cierto desorden. La estructura no es cronológica. Los capítulos no siguen otra estructura que la del capricho, y son frecuentes y cansinas las repeticiones, en especial aquellas que tratan de poner de manifiesto lo maravillosa que es la “autora” y lo fantástica que es su vida actual.

Porque, queridos amigos, “Ambiciones y reflexiones” es un libro con final feliz que hará feliz a mucha gente. A la protagonista, en primer lugar. Pero también a la cadena de TV para la que trabaja, y que tendrá ahora un nuevo leño que tirar a la hoguera para que el fuego no se extinga. Y también una buena noticia para los fan de la Esteban, que espero que no sean como yo y se lean el libro entero. Y, por último, para la Editorial Espasa. Pero de Espasa haré lo que hace la propia editorial con “Ambiciones y reflexiones” en sus perfiles sociales: no diré nada.

En su lugar, a Espasa y a vosotros amigos, os animo a que veáis este booktrailer de “La suave superficie de la culata”. Mi nueva novela que vio la luz hace unas semanas y que espero que os alegre el ánimo casi tanto como la reinserción social de nuestra princesa del pueblo.




1 comentario:

  1. Somos un país de horteras representados por este tipo de personajes. Siento vergüenza ajena de que a alguien se le ocurra publicar un bodrio como este.

    ResponderEliminar